No hace falta que los padres renunciemos a ciertas satisfacciones (como salir a cenar, al teatro o a casa de unos amigos) durante la infancia del bebé, siempre que dejemos al niño con alguien de nuestra total confianza y sepamos que va a estar bien atendido, tanto física como afectivamente.
Si deseamos salir una noche a divertirnos, lo ideal es acoplarnos a su horario de sueño; a esta edad ya duerme durante intervalos más prolongados que en los primeros meses de vida, cuando se despertaba cada tres o cuatro horas para mamar. El bebé debe conocer muy bien a la persona con la que se va a quedar cuando sus padres salgan. Asimismo es aconsejable que su cuidador se traslade a la casa, en vez de llevar nosotros al niño a casa de los abuelos, por ejemplo; ya que, si el pequeño se despierta en otra habitación y se encuentra en un ambiente que desconoce, puede inquietarse.
Algunos juegos también facilitan el trance que suponemos para el niño la separación de sus padres. Debemos jugar con él a la escondida. "Aquí estoy", "dónde estoy", le decimos mientras nos ocultamos detrás de una silla de su habitación, y al instante aparecemos. Este entretenimiento le hace entender que, aunque no pueda ver a sus papás, ellos siguen existiendo y, lo que es más importante, queriéndolo. No tenemos que preocuparnos, esta época es pasajera. A partir del año irá perdiendo el miedo y le fascinará relacionarse con otras personas además de papá y mamá.
Pero en algunas ocasiones es preferible anular nuestros planes. Si nuestro hijo está enfermo o prevemos que va a pasar mala noche por algún acontecimiento en concreto, lo mejor es que aplacemos nuestra salida para otro momento. |