La importancia de los primeros años para el desarrollo de la inteligencia. |
| Por Ofra Gorfinkel - Directora de Vínculos Gym Time. |
| Para aprender de grande, hay que saber de chiquito. En la nota titulada ¿Cómo se desarrolla la inteligencia del bebé? ya dimos algunos indicios de la importancia de los primeros años. En esta nota queremos enfatizar en el hecho que si algún área determinada es desatendida en forma total durante la primer infancia, nada se podrá hacer más tarde para recuperar ese tiempo perdido. |
| Se sabe, por ejemplo, que un chico con cataratas congénitas que se opera más allá de los cuatro años no recuperará jamás la visión, aunque desde el punto de vista óptico la intervención haya sido un completo éxito. Su cerebro no ha podido desarrollar las conexiones neuronales correspondientes a la capacidad de ver. Afortunadamente, en otras áreas el cerebro es más transigente y las neuronas vecinas pueden suplir las funciones de otras que -supongamos que a causa de un accidente- hayan podido quedar destruidas. Sin embargo, para desarrollar en forma óptima sus potencialidades innatas, el bebé debe recibir los estímulos adecuados en el momento justo. Los neurocientíficos han descubierto que existen fases en la vida de los niños en las que éstos aprenden determinadas habilidades de manera especialmente rápida: la motricidad, el lenguaje, la música, el pensamiento lógico... Estas fases sensibles se llaman ventanas neuronales. Donde más pueden ayudar los padres al desarrollo óptimo de sus hijos es precisamente en estas áreas. Aprovechar el momento... esta máxima debería motivar a los padres a la hora de ofrecer a sus hijos los estímulos más apropiados. Aquí les transmitimos algunas guías para que puedan hacerlo. |
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| La fase sensible va desde la séptima semana prenatal hasta los cuatro años. El bebé mismo busca y elige los movimientos acordes a su desarrollo físico. El papel de los padres consiste, sobre todo, en ofrecerle la libertad para hacerlo: patalear, agarrar, gatear, caminar, trepar... A través de estos estímulos el área cerebral correspondiente a la motricidad evoluciona hasta tal punto que, a los tres o cuatro años, el chiquito podrá realizar hazañas como dar una voltereta, saltar en una pata o mantener el equilibrio caminando sobre un tapial. |
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| Desde el nacimiento (posiblemente incluso antes) hasta la pubertad. En este tiempo se entrelazan las conexiones neuronales correspondientes a la vida afectiva, tanto de forma positiva como negativa. Entre los seis y los veinte meses se desarrolla especialmente la memoria emocional, con la que más tarde el individuo clasifica y domina sus sentimientos. En esta fase es fundamental que los padres ofrezcan mucho cariño a su hijo, lo apoyen y lo alienten; incluso en sus fracasos. |
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| Desde el nacimiento hasta los diez años, aunque son muy importantes los primeros tres años. Al principio, el chiquito está abierto a cualquier idioma, mientras que, a partir del año, adquiere el sonido y la entonación de la(s) lengua(s) que hablan los que lo rodean. Entre el uno y los tres años es cuando aprende con mayor facilidad un segundo idioma, disminuyendo esta capacidad a partir de los diez años. Cuantos más circuitos neuronales se formen en esta época temprana, más fácil resultará luego el aprendizaje de nuevos idiomas. |
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| Escuchar música clásica desde antes del nacimiento fomentará la musicalidad y también el pensamiento lógico. El médico francés Alfred Tomatis comprobó que las frecuencias altas, de fuerza media, son un potente estímulo para el cerebro humano, mientras que las frecuencias bajas y monótonas le roban energía. Esto significa que oír música de Mozart, Vivaldi, Pachelbel o Corelli les hace bien a nuestros hijos, aunque también la música popular, siempre que tenga violines, flautas, tipo orquesta Mantovani. La música rock o tecno, con sus bajos monótonos, parece ser que más bien los desenergiza. Se ha comprobado también que los niños preescolares que cantan en un coro o toman clases de piano arman más fácilmente un puzzle, dibujan mejor figuras geométricas y resuelven más rápido tareas matemáticas. También, que en el área neuronal que corresponde a la musicalidad se encuentran muchas más sinapsis en el cerebro de un músico que en el de una persona que nunca ha tocado un instrumento. Para aprender a tocar, la fase sensible se sitúa entre los tres y los diez años. |